En esta entrada os voy a hablar de uno de los conceptos
más significativos e importantes del mundo de Gëa. Ya sabéis que existen
distintos entes e individuos capaces de invocar hechizos y de realizar acciones
que a nosotros nos resultan completamente increíbles.
Todo ello es gracias a la Esencia.
¿Qué es la ESENCIA?
La esencia está latente en toda forma existente, ya sea viva
o inerte. Por así decirlo, es una energía sobrenatural implantada en la propia
creación del mundo.
¿Cómo se creó?
Hace miles de millones de años, en el universo tan sólo existía
el caos. Ciertas energías confluyeron en un punto y dieron origen a un ente
primigenio con conciencia propia autodenominado Gëa. Una vez que consiguió
dotar y organizar al universo con las leyes físicas que lo rigen, Gëa quiso dar
un paso más allá. Su mayor anhelo era dotar aquel espacio infinito de vida
animada, pero eso tan sólo era posible si lo hacía sobre un lugar finito, pues
la vida debía estar resguardada en un astro con propiedades y características especiales
para albergarla. Así, creó y dio forma un mundo a su gusto. Una vez que lo
moldeó y sentó las bases de la vida, decidió sacrificarse por él. Así, todo su
ser acabó por dividirse en dos:
La primera parte, la menor, era su conocimiento. Esta se autodividió
en 7 entes; sus hijos y los que luego serían denominados los Arquitectos del
mundo. La segunda parte, la más grande, se fusionó con el orbe recién creado y lo
impregnó con su esencia vital. Este fue, y no otro, el origen de la esencia.
¿Quién y cómo puede manejarla?
Al principio de los tiempos la esencia tan sólo pudo ser
utilizada por los siete Arquitectos del mundo, pero cuando estos realizaron el
sueño de su padre y dotaron al mundo de vida animada e inteligente, los pueblos
libres aprendieron a utilizarla. Esta esencia «vital» tan sólo puede ser
manejada por aquellos que tengan habilidades innatas y estén suficientemente
adiestrados, pudiendo realizar acciones mucho más allá de la física y de lo
comprensible.
Para invocar hechizos y sortilegios es necesario conocer ciertos vocablos y
estructuras gramaticales de la arcaica lengua de los Arquitectos del mundo.
Todos los hechizos tienen una forma y unas reglas para ser invocados, pero de eso
ya se hablará en otra ocasión.
¿Pueden utilizarla todos los pueblos?
Cada pueblo se especializó en manejar la esencia de
distintas maneras. Los elfos fueron los primeros en aprender a utilizarla. Son
auténticos expertos, sobre todo los elfos de las costas o «altos elfos» ya que al
poco de despertar, lograron dotar de poderes especiales distintos objetos de su
propia creación. Los gnorms también aprendieron a utilizarla hace muchísimos
milenios, consiguiendo insertar sortilegios en el interior de hermosas piedras
preciosas. Algo más adelante los enanos fueron capaces de ocultar sus minas y
lugares secretos a los ojos de los demás. Hay otros pueblos y entes capaces de
manejarla, cada uno a su forma y capacidad.
¿Son capaces los hombres de manejar la esencia?
Los hombres tan sólo aprendieron a manejar la esencia una
vez concluida la Guerra de los dioses, cuando los Arquitectos abandonaron el
mundo. Fueron sus enviados, los ancianos Eladda los que les enseñaron a
utilizarla, dando origen así a los actuales magos y paladines. De estos ancianos os hablaré en otra ocasión.
¿Qué es la esencia oscura?
Los Arquitectos del mundo colmaron sus mayores anhelos al
dar vida a seres inteligentes, dando así origen a los elfos, enanos, hombres y centauros entre otros. Envidioso y sin permiso para hacerlo él también, Irkhün, el
Arquitecto del Inframundo, desobedeció a Lüx y al resto de sus hermanos y, en
los albores de la civilización, ejecutó terribles experimentos en sus dominios
bajo tierra y produjo repugnantes formas de vida para que lo sirvieran. Así,
con el pasar de los milenios fueron surgiendo los ogros, los trolls, los trasgos,
los licántropos, los huargos e incluso
los terribles y destructivos dragones. Todo ello dio origen a la sangrienta
Guerra de los dioses, en la que Irkhün fue finalmente derrotado a costa de
grandes sacrificios.
¿Es posible manejar la esencia oscura?
Si bien los seres del Inframundo son incapaces de
manejarla, hay individuos pertenecientes a otros pueblos que son capaces de
ello, como los hombres o los elfos, entre otros. La esencia oscura es en origen
mucho más tentadora, ya que consigue resultados más efectivos y en menor
espacio de tiempo que la esencia de la luz. Todos los individuos especializados
en el manejo de la esencia oscura siguen los preceptos del Arquitecto Irkhün y los
de su vástago y heredero legítimo, el príncipe Khalmüt.
¿Tiene algún efecto dañino manejar la esencia?
Los magos humanos o los sabios elfos tienen la
experiencia suficiente para canalizar la esencia y la energía vital necesaria
para invocar hechizos. Pese a ello, la salud del individuo puede verse afectada
si maneja una cantidad excesiva de esencia, pues puede perder toda su energía y sufrir un colapso vital.
Para invocar hechizos, aparte de disponer de unas condiciones
innatas y de ciertos conocimientos, es necesario saber conjugar tres elementos
clave: Esencia manejada, Energía vital y Potencia desarrollada. Sólo así se
puede manejar la esencia durante un corto espacio de tiempo sin peligro. Pese a
ello, la energía vital de cada individuo es limitada, por lo que todo aquel que
maneje la esencia y por el bien de su salud, tiene que saber con absoluta
certeza dónde están sus límites físicos. No tener en cuenta estos preceptos puede
tener consecuencias gravísimas.
¿Qué diferencia la esencia de la luz con la de la
oscuridad?
Las dos formas de utilizar la esencia están enfrentadas.
Por un lado, la esencia de la luz, más difícil de aprender y manejar, representa
la naturaleza pura; limpia y engrandece el espíritu de quien la utiliza.
Por el contrario, la esencia oscura consigue efectos mucho más poderosos en un
menor espacio de tiempo, pero corrompe el alma de quien la utiliza, atándole
para siempre a la oscuridad.
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Bueno, hasta aquí todo lo relativo a la esencia. Espero que os
haya gustado. Más adelante hablaré sobre los hechizos y la forma de
invocarlos, mostrándoos algunas palabras de la sagrada y arcaica lengua de los
Arquitectos del mundo.





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