Para
aquellos que ya hayan podido leer la primera versión de la novela de «El tesoro
de los gnorms», no les resultará extraño el nombre de Pyhä Helmi. Para
todos los demás, deciros que corresponde nada más y nada menos que al enorme y
milenario diamante sobre el que gira gran parte de la historia.
El fabuloso diamante fue tallado por los gnorms nada más finalizar la terrible Guerra
de los brujos, en el ocaso de la segunda edad, hace ya dos mil años.
Para que os hagáis una idea de su tamaño, deciros que es más grande que el puño de un hombre.
Tras la terrible y sanguinaria contienda, numerosas
hordas de seres originarios del Inframundo camparon a sus anchas por los
continentes de Nearland y de Farland, provocando el terror y el caos entre sus gentes. Mientras
los hombres los hacían frente con el uso de la fuerza, los elfos y los gnorms
utilizaron un método menos explícito pero mucho más eficaz: insertar distintos hechizos de protección en enormes
joyas para salvaguardar sus reinos y
territorios de la incursión de las bestias de la oscuridad. Si las criaturas
originarias del Inframundo se aproximaban demasiado, un
intensísimo dolor les perforaba la cabeza, debiendo volver sobre sus pasos si querían sobrevivir.
Para realizar tal proeza,
los druidas gnorm tuvieron que emplear su propia esencia vital para
configurarle tal poder, habiendo de sacrificar sus propias vidas por la
seguridad de su pueblo. Lo cierto es que no hay otra piedra preciosa igual en
todo el orbe. Desde que fue tallada, permanece incrustada en lo más alto de la
pilastra de piedra que hay justo en el centro de la aldea de Lepünchaüm.
Pese a lo que pudiera
pensarse, la Pyhä Helmi no es una joya que contenga un hechizo protector en su
interior. Es la propia configuración de sus aristas la que hace que sea capaz
de intensificar exponencialmente los hechizos que están a su alrededor y que entren
en su radio de acción, incluyendo también los de otras gemas de poder. Gracias a su sublime configuración,
la Pyhä Helmi es capaz de proteger casi todo el enorme bosque de Feörn (cerca de 30.000 km²) de la incursión de las bestias
originarias del Inframundo.
De su interior emana un radiante fulgor multicolor, tan intenso, que es capaz de iluminar cualquier lugar, por muy oscuro y tétrico que pueda llegar a ser.
En otra ocasión os hablaré de Ringëril, el enorme rubí custodiado por los elfos del reino de Gwyllion y que posee la increíble cualidad de sanar todo tipo de mal.


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